El Bordado de Alta Costura, a menudo denominado Bordado de Arte, constituye una síntesis sofisticada de la costura tradicional y técnicas especializadas de tambour (Lunéville y Aari) ejecutadas en bastidores profesionales. Esta disciplina preserva un legado de 500 años, transmitido históricamente de forma ancestral, y se mantiene como pilar de la producción artesanal en las casas de moda más importantes del mundo, incluyendo Dior, Chanel y Givenchy.
Aari o Método Indio de Bordado

La evidencia histórica sugiere que el bordado de tambor se originó en la India, donde se conoce tradicionalmente como trabajo Aari. Ari significa "gancho" en hindú, y la técnica consiste en crear una puntada de cadeneta utilizando una herramienta larga y delgada con un gancho en el extremo y un mango de madera.
La difusión geográfica y cultural del bordado Aari comenzó en Barabanki, Uttar Pradesh, migrando eventualmente a la región de Kutch, en Gujarat. Históricamente, la técnica fue adaptada por primera vez por artesanos zapateros que trasladaron su aplicación del cuero a las superficies textiles. Para el siglo XVI, estos artesanos ya habían desarrollado intrincados motivos florales y zoomorfos, asegurándose el patrocinio del Imperio Mogol y estableciendo este oficio como un símbolo de prestigio estético real.
La expansión del bordado Aari se extendió a través del Golfo Pérsico y el Medio Oriente, llegando finalmente a Europa durante el siglo XVIII. Tras su integración en las artes textiles occidentales, la metodología fue reclasificada formalmente bajo la nomenclatura de Bordado de Tambour.



Lunéville o Método Francés de Bordado
El término «Tambour», derivado de la palabra francesa para tambor, hace referencia a la práctica de tensar el tejido sobre un bastidor para facilitar la ejecución precisa de una puntada de cadeneta uniforme. Esta tensión se logra utilizando bastidores circulares o rectangulares.
Introducida en el municipio francés de Lunéville en 1810, la técnica se integró rápidamente en los talleres profesionales para optimizar la velocidad de producción y la eficiencia técnica. A finales del siglo XIX, la metodología evolucionó para incorporar cuentas y lentejuelas, diversificando aún más sus posibilidades decorativas. En consecuencia, el renombre de la ciudad por su excelencia artesanal dio lugar a la denominación formal de este oficio específico como Bordado de Lunéville.


Una imagen fresca y una nueva perspectiva


Esta innovación catalizó una expansión global en la industria del bordado, impulsada por la creciente demanda de prendas meticulosamente bordadas con pedrería y adornos ornamentales dentro de la moda francesa; una tendencia que permeó rápidamente el mercado europeo. Sin embargo, los trastornos geopolíticos de la Primera y Segunda Guerra Mundial precipitaron un declive significativo en la presencia de este oficio, resultando en la disolución de numerosos talleres especializados.
La revitalización económica de la década de 1950 fomentó un resurgimiento en la popularidad de las prendas con pedrería. A lo largo de la segunda mitad del siglo XX, mientras el bordado de Lunéville se mantenía como la técnica predominante para el embellecimiento de la alta costura, su acceso quedó restringido a una élite debido a los elevados costes de producción. En el mercado contemporáneo, esta metodología perdura como una de las formas de arte más exclusivas y selectas, sostenida por un grupo limitado de artesanos altamente cualificados.

